La educación presencial, en su generalidad,
está caracterizada por la pasividad del estudiante en el proceso de
enseñanza-aprendizaje, su participación está limitada por el protagonismo del
docente quien delimita la línea de las actividades y los criterios de
evaluación; la diversidad de materiales
es limitada y en muchas ocasiones reducida al
uso de pizarrón, libros de texto, imágenes y colores, los conocimientos,
aunque de naturaleza práctica, son abordados en términos teórico y evaluados en nivel taxonómico de la memoria, mientras que,
como decíamos, la educación por competencias requiere de la movilización de los
distintos saberes, del protagonismo del estudiante, de la apertura del proceso
de enseñanza aprendizaje a escenarios menos limitados por cuatro paredes y
salir a la problemática realidad que nos circunda y en donde el conocimiento
adquiere sentido.
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